In memoriam de Paul Heinrich Koch

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Iste articulo es in memoriam del doctor in Humanitates, Historia, Scientia Sociales e scriptor Paul H. Koch. Il ha essite extractate del prologo al editio princeps in espaniol de su libro “Le historia occulta del mundo, inde prehistoria al terrorismo international”.

“(…) Il ha un intention. Semper il ha un intention. E proque il habe le cosas succede. Le esser human non es in iste mundo per casualitate e, inde, non es le unic esser intelligente. Non pote esser le. Il existe major narcissismo que creder illo, sapente illo que nos sape hodie re nostre minuscule planeta pertinente a un parve systema solar trovate in un angulo de un del milles de galaxias cognoscitos? In iste adresse es altere contrasenso habitual dicer que nos esse sol in le cosmos proque, al minus officialmente, nos non esse capace de discoperir esseres como nos. Ditto illes pote dicer le pediculos que illes ascribe su extermination debite a un “intervention divin” o un “catastrophe natural” in vice del action directe del domino del testa in le que illes vive quando, exhauste de esser parasitate, se face un shampoo antipediculos.

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El prana y el Clima

El aire, desde el punto de vista químico, es una simple mezcla gaseosa compuesta en volumen por 21% de oxígeno, 78% de nitrógeno y 1% de argón y otros gases raros. Mientras que, en la superficie del globo, su composición es físicamente de una constancia notable, eléctricamente, por el contrario, es de una variabilidad sorprendente. De un instante a otro sus propiedades cambian considerablemente, incluso se invierten a veces.

Ahora estudiaremos sus variaciones geográficas. Son de capital importancia, porque pueden influir en algunas de nuestras decisiones, desde la elección del lugar en que pasaremos las próximas vacaciones hasta la de aquel donde construiremos nuestra casa.
La atmósfera, un océano impregnado de prana, no está uniformemente embebida. Este océano tiene zonas en calma y regiones turbulentas, corrientes y lagos, tempestades visibles, como las tormentas magnéticas que le interesan al hombre en la medida en que perturban sus transmisiones de radio más bien que en sus repercusiones en su estado de salud. En cuanto estudiamos estos sutiles fenómenos, pránicos, las consideraciones sobre presión barométrica, precipitaciones (lluvia, nieve), fuerza y dirección del viento, grado higométrico del aire, todo esto pasa al segundo plano desde el punto de vista de la vitalidad.

Hay diferencias importantes entres las diversas regiones geográficas y el hombre no ha esperado el siglo XX para darse cuenta de la importancia del clima de algunos lugares (borde del mar, alta montaña) sobre el ser humano, más precisamente sobre su vitalidad y salud. Durante mucho tiempo, el hombre ha buscado la explicación de esto en las propiedades puramente químicas de la atmósfera. El efecto revitalizante de una estancia en la costa atlántica, por ejemplo, se atribuía al yodo, al bromo de las emanaciones arenosas. Es indudable que estos elementos tienen su influjo, y debemos añadir también la presencia de oligoelementos cuya importancia, desde el punto de vista
higiénico y terapéutico, recién comienza a dibujarse y abre muy amplias perspectivas.

De hecho, a medida que avanza nuestra investigación científica moderna, las propiedades físicas del aire adquieren una importancia creciente. Las modificaciones fisiológicas debidas al clima se manifiestan a menudo desde las primeras horas, incluso desde los primeros minutos de la permanencia en algún lugar. Le basta al que vive en la ciudad ir a la costa para, según los casos, estar muerto de sueño o, al contrario, tan sobreexcitado que no puede dormir. Las propiedades físicas del aire no son extrañas a este fenómeno.

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el síndrome Kundalini

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Un tipo especial de urgencia espiritual que, durante miles de años, sólo ha sido conocido por los practicantes de una forma misteriosa y secreta de yoga pero que, en la última década, ha comenzado a ser también conocida por los psicólogos y psiquiatras occidentales, es el síndrome kundalini, un conjunto de perturbaciones psíquicas y somáticas que fácilmente pueden ser confundidas con la enfermedad física o mental. Las enseñanzas arcanas del kundalini yoga se hallan tan alejadas de los modelos de realidad occidentales que el mejor modo de explicarlas es recurriendo a los conceptos hindúes originales.

Prana, la fuerza vital fundamental, impregna la totalidad de la creación. Ciertos yoguis consideran que se trata de una forma sutil de energía relacionada con la respiración, aunque otros afirman que esta fuerza carece de toda connotación física. Según se dice, esta energía vitaliza el cuerpo a través de los canales sutiles, llamados nadis, que los chinos representan como los meridianos de acupuntura. Los nadis surgen de tres canales principales que discurren paralelos a la espina dorsal y conectan los aspectos físicos de los siete chakras (ver vídeos adjuntos).

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El prana del aire

La fuente más importante del prana es la atmósfera. Muchos milenios antes que la ciencia descubriera la electricidad, los yoguis percibieron que la atmósfera vibra con una energía sutil y que ésta constituye la fuente principal de todas las energías en acción en el cuerpo humano. Al respecto, una de las más significativas afirmaciones es la de la doctora Teresa Brosse, que hemos transcrito en el capítulo anterior, cuando se refiere al yogui para quien “La energía que le permite controlar su corazón e incluso detenerlo es de la misma naturaleza que el relámpago”. Es una afirmación sorprendente, si consideramos que el rayo ha sido siempre, y continúa siéndolo para los pueblos primitivos, un fenómeno terrorífico, incluso sobrenatural, y que estos pueblos están muy lejos de establecer una identidad de naturaleza, ni tan siquiera alguna relación, entre el relámpago y las energías vitales que permiten el funcionamiento de su propio organismo.

Comparando las teorías yoguicas con las observaciones y descubrimientos de la ciencia occidental, podemos afirmar que el prana de la atmósfera está constituido, si no en su totalidad, al menos en forma principal, por partículas electrizadas, digamos los iones negativos, y por otra parte que existe en nuestro cuerpo un verdadero metabolismo de la electricidad que captamos de la atmósfera. En este dominio son de valor las fuentes occidentales, aunque relativamente poco numerosas, pues nuestros sabios se interesan más en lo que sucede en el cinturón de Van Allen que en los fenómenos de ionización en la atmósfera a ras del suelo, el medio vital en el cual vivimos…

Para encontrar indicaciones respecto a la electricidad atmosférica y sus repercusiones biológicas, nuestra elección se ha limitado primeramente a dos investigaciones que trabajan en países diferentes: Fred Vlés, profesor de la Facultad de Medicina de Estrasburgo, director de Instituto de Física Biológica, y el ruso Tchijewski, de Kiev. Nos referimos sobre todo a la obra de Fred Vlés, especialmente a su apasionante libro que debería haber revolucionado la biología, pero que no ha tenido el eco merecido: “Les conditions biologiques crees para les propriétés électriques de L ́atmosphéré” .

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La Sabiduría de la No-Dualidad

¿Puede el conocimiento puro ser consciente de sí mismo? ¿Puede el ojo mirarse? ¿Puede el espacio crearse en sí mismo? ¿Puede quemarse el fuego? ¿Puede un ser humano subirse a su propia cabeza? ¿Puede la vista verse, el sabor degustarse o el sonido oírse? ¿Puede el Sol darse luz? ¿Puede un fruto dar fruto? ¿Puede un aroma olerse a sí mismo? De esta misma forma, el Conocimiento puro no se conoce a sí mismo. Él es único en sí mismo y, por lo tanto, no es consciente de sí [como objeto cognoscible]

Gñanéshvar

Hace unas semanas, un querido amigo de Zaragoza me hizo apuntar el título de un libro que él encontró muy interesante: La Sabiduría de la No-Dualidad – una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger, escrito por Mónica Cavallé, doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Ciencias de las Religiones, además de mujer de serena belleza y preclara inteligencia. Pedí el libro inmediatamente a una reconocida librería de la ciudad y después de algún tiempo pude tenerlo en mis manos y, lo que es más importante, comenzar su lectura. En principio diré que es un libro de gran erudición y que, aun así está escrito con toda la sencillez que se puede desplegar tratando un tema de tan difícil asimilación como es la sabiduría del Vedanta Advaita. Se trata de un conocimiento que no interesa especialmente a las personas que se centran sólo y exclusivamente en el mundo de las apariencias, de las posesiones, los objetos y los patrimonios. Como dice el Cantar de Aśtâvakra “este conocimiento (no dual o advaita) torna mudo al elocuente, ignorante al sabio y ocioso al activo. Por ello quienes aman los objetos lo rehúyen.” La obra de Mónica Cavallé es brillante por conseguir arrojar luz en un tema de tan difícil comprensión como este y faltos como estamos de esta luz, nos nutrimos de ella a través de su lectura.

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Conversaciones entre Ouspensky y Gurdjieff

Ha quedado grabada en mi memoria otra conversación. Le preguntaba a G. lo que debería hacer un hombre para asimilar su enseñanza.
—¿Lo que debe hacer? exclamó como si esta pregunta lo sorprendiera. Es incapaz de hacer nada. Ante todo, él debe comprender ciertas cosas. Tiene miles de ideas falsas y de concepciones falsas, sobre todo acerca de si mismo, y si algún día quiere adquirir algo nuevo, debe comenzar por liberarse por lo menos de algunas de ellas. De otra manera lo nuevo sería construido sobre una base falsa y el resultado sería aun peor.
—¿Cómo puede un hombre liberarse de las ideas faltas? pregunté.
Dependemos de las formas de nuestra percepción. Las ideas falsas se producen debido a las formas de nuestra percepción.”

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¿Qué es el prana?

Swami Sivananda dice: “Prana es la suma total de todas las energías contenidas en el Universo”.
¡Es amplio! Para los yoguis, el Universo está compuesto de Akasa, el éter cósmico, y del Prana, la energía. Cuando Prana actúa sobre Akasa, nacen todas las formas de la materia. Esta concepción corresponde en suma a la de nuestra física nuclear, que considera toda materia como energía “ordenada” o dispuesta de diversos modos. La ciencia no admite (o ya no admite más) la noción de éter- ¡provisoriamente al menos!

Cuando escribimos Prana con mayúsculas, designamos a esta Energía Cósmica tomada en conjunto, y prana con minúscula indicará su manifestación. Por lo tanto, Prana es la energía universal indiferenciada, y prana la energía diferenciada, manifestada en cualquier forma. El magnetismo es una manifestación del prana, así como la electricidad y la gravitación. Todo lo que se mueve en nuestro Universo es manifestación del Prana: gracias al prana el viento sopla, tiembla la tierra, se abate el hacha, despega el avión, estalla la estrella y piensa el filósofo. El prana es universal. Existimos en un océano de prana del que cada ser viviente es un torbellino. Los yoguis afirman que lo que caracteriza a la vida, es su capacidad de atraer prana a sí, de acumularlo y de transformarlo para actuar en el medio interior y en el mundo exterior.

El lector podría preguntarse por qué utilizo el término “Prana” más bien que el de “energía”. Para nosotros, occidentales, el término “energía” es un concepto menos amplio y demasiado material. Para el yogui, el mismo pensamiento es una forma más sutil de prana, en tanto que para el occidental la energía es algo completamente diferente. Nuestra energía es, digámoslo, demasiado industrial. Según los yoguis, el prana está presente en el aire, y sin embargo no es ni él oxigeno, ni el nitrógeno, ni ninguno de lo componentes químicos de la atmósfera. El prana existe en los alimentos, en el agua, en la luz solar, y sin embargo no es ni las vitaminas, ni el calor, ni los rayos ultravioletas. El aire, el agua, los alimentos, la luz solar sirven de vehículo al prana, del cual depende toda la vida animal e incluso vegetal. El prana penetra todo el cuerpo, incluso ahí donde el aire no logra entrar. El prana es nuestro verdadero alimento, porque sin prana no es posible ninguna vida. El mismo dinamismo vital sólo sería una forma particular y sutil del prana que llenaría todo el Universo. La vida latente empaparía así todo el cosmos, y, para manifestarse en el plano material, el espíritu se serviría del prana para animar al cuerpo y sus diversos órganos. ¡Hasta aquí no vamos muy en contra de las teorías occidentales modernas! Sin embargo, los yoguis van más allá de la afirmación de la existencia de esta energía- que ningún físico nuclear negaría.

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Déjame decirte como perdimos la tierra



“Déjame decirte cómo perdimos la tierra. No era nuestra tierra, como si nos perteneciera. Era la tierra donde cazábamos o donde nuestros ancestros estaban sepultados. Era la tierra que el Creador nos había dado. Era la tierra donde sucedían nuestras historias sagradas. Había lugares sagrados en ella. Nuestras ceremonias se realizaban aquí. Conocíamos a los animales. Ellos nos conocían a nosotros. Presenciamos el paso de las estaciones en esta tierra. Estaba viva, como nuestros abuelos. Éramos parte de ella. La tierra era parte de nosotros. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que era ser propietarios de la tierra. Es como decir que eres propietario de tu abuela. Para nosotros, la tierra estaba viva. Mover una piedra significaba cambiarla. Matar a un animal era quitarle algo a ella. Tenía que haber respeto.

Nosotros no vimos respeto en esa gente. Ellos cortaban los árboles y dejaban a los animales en el lugar donde les disparaban. Hacían ruidos fuertes. Parecían salvajes. Su paso era pesado y hacían mucho ruido. Y luego esa gente nueva comenzó a pedirnos la tierra. Querían darnos dinero por la tierra. Nuestra gente no aceptó eso.

Entonces esa gente dijo que ya no pertenecíamos aquí. Que había un jefe en Washington, una ciudad muy lejana, y que la tierra era de él, y que él había dicho que esa gente podía vivir aquí y nosotros no.
Pensamos que estaban desquiciados. Esas personas cabalgaban por la tierra y colocaban una bandera, y luego decían que todo, desde donde habían empezado hasta donde ponían la bandera, les pertenecía. Eso es como si alguien disparara una flecha al cielo y dijera que todo el cielo hasta donde llegara la flecha le pertenecía. Nosotros pensamos que esa gente estaba loca. Ellos hablaban de propiedad. Nosotros hablábamos de la tierra.
Tu gente vino de Europa porque querían tener propiedades. Ellos habían trabajado para otras personas que les habían quitado sus propiedades y las cosas que cultivaban. Nunca habían tenido nada porque no tenían propiedades. Eso era lo que más deseaban tener.

Todos ellos pensaban que quien tuviera un pedazo de papel diciendo que era dueño de la tierra podría controlar todo lo que sucediera en ella. La gente vino aquí para conseguir propiedades. Nosotros no sabíamos esto. Ni siquiera sabíamos lo que significaba. Nosotros simplemente le pertenecíamos a la tierra. Ellos querían adueñarse de ella.

Su religión no vino de la tierra. Podían llevarla a todos lados con ustedes. Su religión estaba en una copa y un pedazo de pan que podían llevarse en una caja. Sus sacerdotes podían hacer sagrado cualquier lugar. Y no podían entender que lo que era sagrado para nosotros era el lugar donde estábamos, porque ahí era donde sucedían las cosas sagradas y donde los espíritus nos hablaban. Tu gente no sabía nada acerca de lo sagrado de la tierra. Ustedes estaban matando a todos los animales. El búfalo había desaparecido. Las aves habían desaparecido. Ustedes no nos permitían cazar. Nos daban mantas y whisky que enloquecía a nuestra gente. Nos pusieron en pequeños corrales de tierra que eran como pequeñas islas en su gran mar.

Lo peor es que ustedes nunca nos escucharon. Ustedes vinieron a nuestra tierra y nos la quitaron, y ni siquiera nos escucharon cuando les tratamos de explicar. Hicieron promesas y rompieron cada una de ellas. Nos mataron sin quitarnos la vida. Nos mataron al convertir nuestra tierra en pedazos de papel y sacos de harina y mantas, diciéndonos que eso era suficiente. Ustedes nos quitaron los lugares donde los espíritus nos hablaban y nos dieron sacos de harina.
Para nosotros la tierra estaba viva. Ella nos hablaba. Nosotros la llamábamos nuestra madre. Si ella estaba enojada con nosotros, no nos daba alimentos. Si nosotros no compartíamos con los demás, ella nos enviaba inviernos duros o plagas de insectos. Teníamos que hacer cosas buenas por ella y vivir de la manera que ella consideraba apropiada. Ella era la madre de todo lo que habitaba en ella, así que todos eran nuestros hermanos. Los osos, los árboles, las plantas, el búfalo. Todos eran nuestros hermanos y hermanas. Si no los tratábamos bien, nuestra madre se enojaba. Si los tratábamos con respeto y honor, ella se sentía orgullosa.
Para tu gente la tierra no estaba viva. Era algo así como un escenario donde podían construir cosas y hacer que sucedieran cosas. Veían al lodo y los árboles y el agua como cosas importantes, pero no como hermanos y hermanas. Esas cosas existían sólo para ayudar a los humanos a vivir.
Ustedes tomaron la tierra y la convirtieron en propiedades. Ahora nuestra madre está en silencio. Pero nosotros aún intentamos escuchar su voz.”

Extractos del libro “Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio” de Kent Nerburn.

Los sacerdotes y las sacerdotisas de la New Age

Últimamente ando bastante asombrado de los muchos charlatanes que van por ahí dando conferencias y lanzando teorías y afirmaciones “científicas” de muchos de los temas que tanto nos gustan a algunos.

Creo que hay vida en otros mundos, también creo que el hombre y la materia es algo más que lo que podemos percibir con nuestros sentidos o razonar con nuestras mentes. Se que ocurren muchas cosas para las que no tenemos explicación. De igual modo creo que ignoramos muchas cosas de nuestro origen como especie, de nuestro bagaje histórico y, sobre todo, de nuestro destino. Pienso que el futuro nos depara sorpresas. Y finalmente, creo que existe una inteligencia que de algún modo es la causa de todo esto. Sí, soy un creyente pero ésta, mi condición de creyente, no me convierte en crédulo, ni en un ingenuo ni, definitivamente, en un idiota. No obstante, me han tomado el pelo lo suficiente como para saber que ser creyente trae consigo algunos problemas añadidos. Uno de ellos es que queremos que se materialice aquello en lo que creemos y tenemos tantas ganas de que eso ocurra que, a menudo, cuando recibimos alguna mínima y no contrastada información que confirma nuestra fe, nos dejamos llevar por las emociones y no razonamos haciendo uso de la inteligencia. Si lo hiciéramos nos ahorraríamos muchas desilusiones. Sigue leyendo