img-accueil

Hace unos meses decidí hacer cambios en las rutinas de mi vida con la finalidad retirar unas plomizas nubes que cubrían el horizonte de mi visión mental. En realidad esas nubes llevaban tanto tiempo ahí que casí se convirtieron en parte del paisaje, y digo casi, porque nunca me acabó de gustar su visión sino todo lo contrario; simplemente ocurrió que me había acostumbrado a ellas. He disfrutado casi toda mi vida de visión interna y no obstante, nunca le presté demasiada consideración. La llamé imaginación porque cuando las explicaba a alguien lo normal era que me dijeran: “que gran imaginación tienes”. Era igual que entrase en estados de trance mientras visualizaba la formación de mundos o veía pasar ante mí ciclos de tiempo de miles de años en los que se interrelacionaban millones de combinaciones de acontecimientos. Pese a que aquello me sobrepasaba acababa etiquetando todas aquellas visiones como fruto de la imaginación. Así que también me acostumbré a ello como lo había hecho en estos últimos años a las oscuras nubes que me impedían ver más allá. Aquellas nubes eran sin duda el producto de mi falta de fe en mi mismo. De la fehaciente respuesta de “esto es así porque así lo he visualizado y comprendido” pasé al “yo creo que”, al “pienso que quizás esto es así o asá”. Sin ser consciente del proceso, había pasado de la férrea posición de la convicción a la insegura y débil duda.

Así, hace unos meses, exactamente en febrero, tuve el impulso de hacer algo que me limpiase la mente y recobrase la seguridad e iluminación de la que gozara en otros tiempos. En realidad se trataba de recobrar el nexo entre el ego mente y el espíritu. Es curioso como suceden las cosas (o las causas) pero, el mismo día que sentí esa imperiosa necesidad de llevar a cabo algún tipo de ejercicio que me limpiase la mente y reactivase la Visión Interior llegó, vía correo electrónico, un enlace que me remitió un amigo. “Miraté esto, parece interesante”. El enlace hablaba de una práctica ancestral llamada de muchos modos aunque en el artículo la denominaban con una de esas terminologías anglosajonas tan de moda en estos tiempos de cursillos espirituales de fín de semana: Sungazing (mirando al Sol). No le hubiera hecho demasiado caso de no ser por la sincronicidad que se había producido entre el anhelo que me embargaba y el hecho de que aquella práctica prometía devolver la claridad a la mente, sanar y fortalecer el cuerpo tanto físico como vital y finalmente devolverte la Visión Interna. Como tenía que recobrar la fe perdida vi en aquello una señal del espíritu y decidí comenzar la práctica al día siguiente.

La práctica en cuestión es muy simple. No hay que hacer nada especial, ni aprenderse pasos rituales ni practicar algún tipo de meditación concreta o recitar una oración a ningún exótico dios Solar. Eso me gustó pues sé que las verdaderas prácticas de acercamiento al espíritu tienen más que ver con la actitud interna que con el ritual en sí. No voy a explicar aquí la práctica aunque si  haré como mi amigo y os dejaré el enlace al final de este artículo por si a alguién los designios del espíritu lo han traído hacia aquí por el mismo motivo que me sucedió a mí.

Llevo tres meses practicando este ejercicio de Meditación Solar y puedo atestiguar mejoras tanto físicas y mentales que me están impulsando a proseguir hasta el final. Lo más importante es que he vuelto a ensoñar y mi capacidad de abstracción en pensamientos de cosmogénesis empieza a manifestarse. Físicamente he perdido unos kilos lo que me alegra ya que últimamente me estaba redondeando con excesiva rapidez. Lo de la perdida de peso ha animado a mi compañera del alma a llevar a cabo la práctica también. Me siento fuerte, sano y he dejado de perder el tiempo en algunas tareas que no llevaban a derrotero alguno. Otra sensación mental es el evidente desinterés que tengo por cuestiones que antes me preocupaban así como una creciente confianza en mí mismo.

Estoy a un tercio del camino de esta práctica (dura unos nueve meses) y he descubierto que ya lo hacia antes, hace muchos años, cuando apenas tenía siete u ocho años. Ha sido un recuerdo olvidado que me ha vuelto gracias a esta práctica. También he podido ver como antaño, cientas de personas de las aldeas y pueblos se reunían en grandes prados y miraban como salía el Sol, y lo hacían por un buen rato. Después, en silencio cada uno de ellos se dirigía al lugar de su trabajo y comenzaban la jornada de este modo tan saludable. Y cuando se metía el Sol también lo contemplaban.

Cuando pasen tres meses volveré a hablar de esta práctica y de todo lo que he vivenciado hasta entonces. Si alguno ya la practica nos gustaría que compartiera con nosotros sus experiencias.

images

Sungazing

2 Comentarios

  1. Puedo añadir que he practicado durante 5 años el culto solar como lo llamo, iniciando en lo que se llamo en occidente hace unas decadas: el fosfenismo, que es una descendencia de sabiduria de Zaratrustra. La version que practico es observar el reflejo del sol en el agua y luego de unos segundos cerrar los ojos. La otra forma es en el alba y el ocaso donde observamos al sol todo el tiempo que nuestra atencion lo permita usando la respiracion consciente para abrir los sentidos a la sensacion de comunon con el sol. Aho gran espiritu

  2. Me parece interesante esta práctica de mirar al Sol a través de su reflejo en el agua… ¿podrías explicarnos más al respecto?. También me interesa saber que sensaciones y vivencias has tenido en estos cinco años de prácticas (seguro que deben ser muchas) ¿qué transformación interior y exterior has sentido en tí?. En cuanto a la práctica que llevo a cabo ahora siento la necesidad de algún tipo de meditación interna y de sincronización respiratoria pues me invaden muchos pensamientos y pierdo la atención…

    Un cordial saludo


Escribe un comentario

*
*